Ganado y osos en Asturias

Recientemente, representantes de una asociación ganadera realizaban declaraciones públicas cuestionando la situación legal de protección del oso pardo en Asturias (“no está en peligro de extinción”), a la vez que reclamaban el establecimiento de áreas de exclusión de osos pardos. Esas declaraciones y exigencias nos merecen algunas consideraciones:

  • La citada valoración del estado demográfico de la población de oso pardo, cuya conservación a medio y largo plazo depende de unos 250 ejemplares, es impropia de una sociedad en la que los ciudadanos tienen un buen nivel medio de educación, garantizado por la enseñanza obligatoria y gratuita. Todos los criterios científicos, y varias normas legales, avalan la catalogación vigente de la especie en España, y en Asturias. La ciencia es un método, un lenguaje común; el mismo que utilizamos para conducir la salud pública, o la veterinaria. Interpretar por tanto que la catalogación del oso pardo responde a un “engaño premeditado” solo puede entenderse en el contexto de una sicopatología que afecta a los responsables de dichas declaraciones. La petición por parte de los dirigentes de esta asociación de la delimitación de “áreas libres de osos” sugiere que un grave problema esclaviza las mentes de estas personas.
  • Por otro lado, el público encontrará fácilmente información sobre la existencia de 540.000 cabezas de ganado en Asturias (en 2016), de las que unas 300.000 pastean en extensivo en territorios donde viven 250 osos. Esas cifras de ganado extensivo son cinco veces superiores a las de los ungulados silvestres, según datos de la administración del Principado de Asturias. Probablemente superan en más de un orden de magnitud la densidad de personas en la mayoría de concejos de la región.
  • Los daños a la ganadería atribuidos a grandes carnívoros pueden tener varias soluciones; entre ellas la separación drástica en el espacio de carnívoros y ganado doméstico que pasta sin protección, o bien la modificación de las prácticas ganaderas para reducir la vulnerabilidad a los daños. La primera alternativa parece inviable, tanto logística como legalmente, y más aún, éticamente. Estaríamos no obstante dispuestos a discutir con quién sea preciso sobre zonas libres de osos, pero también entonces sobre zonas libres de personas, de ganado y de otras actividades humanas. La segunda alternativa, la modificación de las prácticas ganaderas y la adopción de medidas preventivas, es la única vía de trabajo viable.
  • Actualmente la actividad ganadera depende de un complejo sistema de subsidios públicos, tanto en forma de pagos directos, que incluyen ayudas de carácter agro-ambiental de la Política Agraria Comunitaria, como a través de la utilización masiva de terrenos públicos. Cabe por tanto solicitar de los que desempeñan una actividad profesional sustentada con fondos públicos un comportamiento acorde, respetuoso con el resto de sectores de la sociedad, los cuales sustenta sus actividades. No estaría de más tampoco que la administración regional ejerciera su responsabilidad recordándoselo.