Las amenazas
Veneno y furtivismo
LOS ETERNOS PROBLEMAS DE LA CAZA
LOS ETERNOS PROBLEMAS DE LA CAZA
De aquellos barros, estos lodos. La nefasta gestión que se está realizando en muchas zonas de la Cordillera Cantábrica en lo que a la caza se refiere, está provocando entre otras cosas, un aumento del furtivismo en aras de un negocio repugnante e ilegal, pero extremadamente rentable.
Alcaldes contra furtivos
La caza ilegal en los cotos cercanos a Fuentes Carrionas y en otros puntos de la provincia ahoga la principal y casi única fuente de ingresos de las juntas vecinales
Pusieron el dedo en la llaga en la reunión que recientemente convocó la Diputación de Palencia con los alcaldes pedáneos de las juntas vecinales de la provincia para asesorarles en materias conflictivas. La situación de los cotos de caza, con un alarmante crecimiento del furtivismo, preocupa y mucho a los dirigentes de los pequeños pueblos cercanos a la reserva de caza de Fuentes Carrionas y de otros puntos de la provincia palentina que padecen un problema similar.
El malestar y el temor de los alcaldes pedáneos a la hora de atajar esta situación, en la que se sienten solos y muchas veces incomprendidos, estalló como la pólvora en ese encuentro de alcaldes, hasta el punto de que técnicos y dirigentes de la institución provincial se comprometieron a organizar una nueva reunión casi monográfica sobre el furtivismo en los cotos. El otro asunto sobre el que también girará la esperada reunión con expertos y políticos de la Diputación, igual de preocupante que la caza ilegal, se refiere a los accidentes de tráfico que causan los animales en las carreteras y que también repercuten en las sufridas juntas vecinales. «Pero lo que más daño nos está haciendo es el furtivismo», matiza el alcalde de Respenda de la Peña, José de Lera Fernández, del PP, que siempre se ha mostrado muy combativo contra los que vulneran la ley y practican este deporte cinegético en los cotos arrendados por las entidades locales menores a grupos de cazadores legales. Ante la irrupción de los furtivos, estos últimos evitan cualquier problema, pero acaban marchándose del coto o pagando un menor precio con el argumento de que los ilegales se apoderan de los animales y así no merece la pena alquilarlos. De Lera recuerda que para una junta vecinal como la de Respenda y las de otros pueblos cercanos que padecen la misma situación, el arriendo del coto supone la principal y casi única fuente de ingresos para poder acometer alguna obra, o simplemente para contribuir al mantenimiento de los pocos servicios de que disfrutan sus escasos habitantes. «El dinero que conseguimos por la caza mayor y menor es nuestro sostén y sin él estamos perdidos», apuesta este valiente alcalde pedáneo, que nunca ha dudado en denunciar el furtivismo, aunque sus desvelos no han tenido todavía la respuesta deseada. Amenazas «He hablado con la Guardia Civil y he escrito una carta al subdelegado del Gobierno, Raúl Ruiz Cortés, poniéndole al corriente de estos hechos, pero no ha surtido mucho efecto», se lamenta. «Estoy pagando muy caro esta defensa del coto», asegura el regidor, que vincula su defensa a ultranza de la legalidad con el sabotaje perpetrado a su coche la semana pasada cuando lo tenía estacionado en una calle de Santibáñez y a otros comentarios con tintes de amenaza. Si para las pedanías el arriendo de los cotos de caza sin parásitos que los esquilmen supone un ingreso importante, para los furtivos el beneficio económico que genera su actividad resulta mucho mayor por lo codiciados que están los trofeos de caza en el mercado. Actuando de noche y de madrugada matan ciervos y corzos, que son los más preciados, y se llevan sus cabezas, dejando a veces los cuerpos abandonados en las tierras. Con estas malas artes, no resulta extraño que los cazadores que alquilan un coto en condiciones legales y que luego se encuentran con este paisaje pretendan una rebaja en el precio de alquiler. Así ha ocurrido en la pedanía de Roscales, que ha logrado subastar el coto con una remuneración sensiblemente inferior a la de otras épocas, según lamenta su alcalde, José Manuel Hospital Bores, del PSOE. «Furtivismo siempre lo hemos tenido, pero ahora la situación se nos ha puesto mucho peor, porque hay cuadrillas (de furtivos) que se les ve perfectamente que hacen lo que les da la gana y van cazando en todos los cotos», argumenta. Esa imparable irrupción de la caza ilegal en los cotos de las juntas vecinales está sobrepasando a los alcaldes pedáneos, que consideran necesaria una mayor implicación de las autoridades y un incuestionable respaldo al deseo de la mayoría de los vecinos de que se acaben estas prácticas. «Hay que tener en cuenta que somos alcaldes de pueblos pequeños y que necesitamos mucha ayuda para desempeñar este cargo», recalca. Devastación de cotos Las denuncias por el furtivismo crecen al mismo ritmo que la devastación de los cotos, como también reconoce el alcalde de Viduerna, Raúl de Arriba del Amo, del PP, una pedanía donde el arriendo del coto también resulta fundamental para afrontar los gastos de la junta vecinal. «No existe la suficiente vigilancia para erradicar estas prácticas», argumenta el responsable municipal, que no quiere ni oír hablar de la posibilidad de que sean las propias juntas vecinales las que tengan que asumir estas tareas. «Si nos dicen que tenemos que poner un vigilante para el coto, apaga y vámonos», resume, incapaz de optar por un remedio de estas características. «Las cosas se están poniendo muy crudas y, a este paso, nadie va a querer ser presidente de una junta vecinal, porque lo único que nos supone este cargo es tener que aportar dinero de nuestro bolsillo y sufrir disgustos», apostilla, recordando cuando se encontró rotas unas ventanas de su propiedad. Los lamentos de los alcaldes por el furtivismo crecen a medida que se acerca el próximo mes de abril, en que se abrirá la veda del corzo y con ella la posibilidad de que vuelvan a surgir episodios de furtivismo conocidos y denostados. El problema tampoco pasa desapercibido para organizaciones como Ecologistas en Acción, que ya ha detectado un aumento de la circulación de vehículos en caminos y carreteras, especialmente al atardecer, en todo el parque natural de la Montaña Palentina, coincidiendo con la llegada de la primavera, época en la que es el corzo la pieza codiciada por los furtivos. «Nos preocupa que este tipo de actividades se hayan convertido en una práctica habitual y que se vean como algo habitual entre los vecinos, e incluso entre las administraciones responsables», señalan los ecologistas, mientras piden un castigo contundente, porque como argumenta también el alcalde de Villalbeto, Abilio Martín Díez, del PP, «a todos nos gustaría terminar con este eterno problema».
Fuente: diario El Norte


