Una mirada a lo lejos
Los ecosistemas forestales ocupan en la actualidad unos 3.866 millones de hectáreas, casi una tercera parte de las tierras emergidas del planeta; una extensión que equivale a la mitad de los que ocupaban hace unos 8.000 años. Las cifras de la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) son rotundas en lo referente a la deforestación: la Tierra pierde anualmente más de 14 millones de hectáreas de zona forestal. Así, los bosques vírgenes, auténticos tesoros de biodiversidad, se enfrentan a las amenazas de la tala ilegal y la reconversión agrícola.
Sábado 3 de mayo de 2008 ·
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Interesante artículo publicado en Las Provincias en el que se repasa la importancia de los bosques y su estado actual a nivel mundial.
En la Cordillera Cantábrica, contra lo que pueda pensar cualquier observador ante el paisaje verde, los bosques primarios practicamente no existen. Los usos ganaderos y forestales y las actividades turísticas y la caza, entre otros, alcanzan hasta las úlyimas esquinas de nuestros escasos bosques.
LA AMENAZA A LAS FUENTES DE OXIGENO
La deforestación provocada por la tala ilegal arrasa las selvas tropicales y pone en peligro los principales focos de biodiversidad
Jorge García-Lliberós
Los ecosistemas forestales ocupan en la actualidad unos 3.866 millones de hectáreas, casi una tercera parte de las tierras emergidas del planeta; una extensión que equivale a la mitad de los que ocupaban hace unos 8.000 años. Las cifras de la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) son rotundas en lo referente a la deforestación: la Tierra pierde anualmente más de 14 millones de hectáreas de zona forestal. Así, los bosques vírgenes, auténticos tesoros de biodiversidad, se enfrentan a las amenazas de la tala ilegal y la reconversión agrícola.

Los llamados bosques primarios, nula o escasamente alterados por la actividad humana, se concentran en determinadas zonas del planeta, principalmente tropicales y boreales. Al contrario, los bosques templados son los más fragmentados y perturbados. Por ello, en Europa y Norteamérica es difícil encontrar zonas boscosas vírgenes, siendo los ecosistemas boreales los únicos reductos destacados que quedan en estos continentes. Así Canadá, Alaska, Finlandia y Rusia albergan importantes extensiones forestales aún salvajes. En España, aunque todavía existen en zonas del Pirineo o la Cordillera Cantábrica pequeñas superficies de bosque donde quizás nunca llegó el hacha o el ganado doméstico, estos reductos de virginidad son demasiado pequeños como para ser considerados bosques primarios.
Según indica el responsable de bosques de Greenpeace España, Miguel Ángel Soto, en Europa sólo el 3% de los bosques son primarios y gracias a la concienciación y la lesgislación actual en el resto de zonas boscosas hay un modelo de aprovechamiento forestal racional que permite la regeneración vegetal. En Canadá el principal problema es el ritmo de conversión de bosques primarios en secundarios por la intensa actividad industrial forestal. Sin embargo, en los países tropicales que cuentan con amplias extensiones de selva virgen, con maderas muy cotizadas, el problema es más grave por la débil o ausente política forestal, que permite la sobreexplotación y la desaparición de grandes extensiones a marchas forzadas.
Destrucción de las selvas
Entre 1960 y 1995, más de cinco millones de kilómetros cuadrados de selvas tropicales fueron talados. Una superficie equivalente a 10 veces España. La tala ilegal, si bien es un fenómeno que afecta principalmente zonas tropicales con escaso control forestal, también se da en algunos países desarrollados y es una de las principales causas de la deforestación. El comercio mundial de madera extraída ilegalmente representa desincentivos para aquellos países, propietarios o empresas forestales que han decidido invertir en gestión sostenible de sus recursos forestales y no son recompensados por el mercado con un mejor precio debido a la sobreoferta de madera barata.
El Banco Mundial estima que entre 10 y 15 mil millones de dólares se pierden cada año debido a la explotación ilegal, que elude al fisco. España no es del todo ajena a este problema. Según un informe de Greenpeace, en 2001 importó más de 860.000 metros cúbicos de madera procedente de talas ilegales, un 10,5% del total de las importaciones.
Las zonas tropicales arrasadas difícilmente pueden volver a ser bosques si tras ser explotadas por la industria maderera se sustituyen por plantaciones agrícolas, lo que constituye otra de las primeras causas de la deforestación en los países en vías de desarrollo. De hecho, según un estudio del Instituto de Recursos Mundiales de 2000, en la anterior década se transformaron bosques naturales en plantaciones agrícolas y forestales a un ritmo de 16,1 millones de hectáreas al año, el 94% en zonas tropicales, siendo las plantaciones agrícolas las responsables del 70% de esta transformación.
En Brasil, durante los últimos tres años, se han destruido 70.000 kilómetros cuadrados de selva amazónica, el equivalente a seis campos de fútbol por minuto. Gran parte de esta destrucción se debe a la expansión de cultivos como los de soja impulsados por grandes multinacionales.
Deforestación y calentamiento
La llamada "frontera agrícola" también está ganando terreno en Indonesia. La demanda creciente de aceite de palma y de biocombustibles está impulsando la destrucción a gran escala de selvas tropicales y turberas -tierras pantanosas con acumulación de materia orgánica- en este país.
Las investigaciones de Greenpeace en la provincia indonesa de Riau han constatado la relación entre la deforestación y el calentamiento global. Así, la conversión de turberas en plantaciones de palma aceitera, mediante el drenaje y quema del bosque, provoca la liberación de grandes cantidades de dióxido de carbono, lo que supone que menos del 0,1% de la superficie terrestre emite el 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Por el efecto de la deforestación, Indonesia y Brasil se han convertido respectivamente en el tercer y cuarto país emisor.
Según explica Soto, los árboles a través de la fotosíntesis transforman el CO2 en tejidos orgánicos que componen su tronco y liberan oxígeno. De esta manera, al quemar los bosques para deforestar se emite todo el CO2 acumulado. "Además destruyendo los bosques estamos destruyendo la capacidad de fijar carbono de cara al futuro", añade Soto. La deforestación supone aproximadamente el 20% del las emisiones de gases efecto invernadero y así se ha convertido en la segunda causa generadora de este fenómeno global.
Desde Greenpeace se recuerda que bajo las causas directas de la deforestación se esconden situaciones estructurales de pobreza y conflicto, por lo que el desarrollo es clave en la lucha contra este problema. La organización ecologista, además de las recomendaciones de consumo sostenible, durante las últimas décadas ha presionado para el establecimiento de moratorias que suspendieran las actividades destructivas hasta el establecimiento de condiciones adecuadas y ha propuesto introducir negociaciones sobre esta materia con los países en desarrollo en el protocolo internacional que suceda a Kioto.
Fuente: Las Provincias. 3 de Mayo de 2008