Parque eólico Valdelín
Como era de esperar, la inacción de la Junta de Castilla y León por un lado, y la lentitud de la justicia por otro, han permitido consumar un delito que fue urdido en los despachos de la delegación territorial de la Junta en León y que implica graves consecuencias ecológicas para las últimas poblaciones de una especie en peligro de extinción.
Miércoles 9 de diciembre de 2009 ·
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Pues bien, a lo largo de las últimas semanas, sin respetar turnos, festivos, ni nada que pueda suponer la más mínima demora, y al amparo de la masa forestal que las rodea, se están perpetrando las obras de instalación del parque eólico Valdelín, en la comarca de El Bierzo. Con el manido argumento de los puestos de trabajo (eso sí, de 15 días y a piñón), una sierra prácticamente virgen, en la que la población más sureña de urogallo tiene un hábitat inmejorable, está siendo cosida a pistas, zanjas y tendidos, de las mismas proporciones que los enormes aerogeneradores que se instalarán.
Hace pocas fechas, en un foro sobre energías renovables que se celebró en León, los más ínclitos esbirros de esta maquinaria eólica, flanqueados por personajes de similar calaña como alcaldes y altos cargos políticos aferrados a algún tipo de tajada, se rasgaban las vestiduras ante tanta crítica como estaban recibiendo por lo mal que se están haciendo las cosas en este ámbito. ¡Hipócritas!
Seguro que cualquier lector que tenga un poco de curiosidad, además de recordar que este parque eólico se encuentra en los tribunales por falsificación documental y suplantación de personalidad, verá emerger en esa sierra 15 aerogeneradores cuando la Declaración de Impacto Ambiental los limitaba a 12, podrá internarse en el monte a través de un buen número de kilómetros de nuevas pistas prohibidas por esa misma DIA y podrá encontrar una subestación eléctrica y un tendido de alta tensión que tampoco se adaptan a lo que para ellos estaba establecido.
¿Que se esconde detrás de este servilismo institucional? Desde luego no el desconocimiento porque son multiples los escritos a ellos dirigidos y que, pese a ser su obligación no han contestado.
Este caso exige, por la buena salud de la democracia y de su justicia, que ruede alguna cabeza. Nosotros estaremos ahí para verlo.

Al fondo, el primero.